Crudo

 Podías haber sido el reto de mi vida, quería que lo fueras, con tantas ganas…Quisiera haberte querido hasta el final, pero vino a desencadenar una vorágine tan cruenta que se llevó la venda, los ojos, y dejó las cuencas vacías y llenas de sal.

Te he visto con los ojos más tristes del mundo, reflejando los míos, llenos de dolor, de incredulidad. Cerrados a cal y canto, oyendo sin escuchar, viendo sin mirar. Como quien desde una esquina, presencia su propio funeral.

Hubiera sacrificado cien años más por verte sonreír sólo una vez más conmigo, tras ella, pero ha robado cada ápice de amor, de confianza, de respeto, todo, con sólo sembrar la duda en tu oído. Y le has dejado entrar, quedarse, desollarme. Y te has sentado a mirar.

Ha pesado tanto, tan delgada, míralo, como la mismísima parca, se lo llevó todo, el resto de mi vida, tu sonrisa y esos cien años más. Te apagaste como un transistor, has dejado de emitir señal, has dejado de decirme nada, sin parar de hablar.

Latiendo a deshora y con la sístole vacía. Desangrados, desgastados, devastados por la desconfianza, y vuestra complicidad. Los recuerdos atrincherados, que no avanzan, no atacan, sólo sirven para no dejar pasar. Atrévete a mentirme, a decirme otra vez que sabes que es veneno. No queda nada que no haya emponzoñado ya.

Y sin decir nada, sin mirar, sin sentir ni escuchar, te quedas ahí, inmóvil, sin buscar un antídoto, sin expulsar cada toxina, sin torniquete en la herida, sin recapacitar. Aléjate, huye de todo lo que hago mal, y déjame vivir en tu pésame, pues hace tiempo que oficiaste mi entierro, sin flores, sin lágrimas, sin altar. Déjame salir de tu memoria, y sal de mi espina dorsal.

Y aquí solo terceros pueden apuntarse la victoria. Recuerda quién le abrió todas las puertas y quién decidió que se iba a quedar.


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