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Bailando

He bailado hasta que me sangraran los pies. Descalza y de puntillas. He bailado con las zapatillas cubiertas de resina para deslizar lo justo y necesario. Al compás, a destiempo... Y voy a seguir bailando. Quiero extender los brazos y sentir el vacío alrededor, ser funambulista, bailar sobre la cuerda floja. No tener que alzar la vista para alcanzar mis deseos, no tener que bajarla, para no recordar el suelo. Dos extremos que se tensan, que se vuelven a acercar. Equilibrio, concentración, silencio. Una vez se calcula el rumbo la música debe volver a sonar. Mirando a un punto fijo, para no perder el centro. El vértigo lo siente quien tiene miedo a caer. A mí no me asusta la caída libre, ni el aterrizaje, sólo me importa volver a remontar el vuelo, volver a las alturas disfrutando del ascenso a cada aleteo. Todos sentimos pánico alguna vez, sí, ante lo incierto, pero cuando ya has saboreado el suelo, cuando sabes que el lodo es simplemente lodo, ya no hay nada que temer. Pensé que tras d...

Refugio

Hay muchas maneras de huir de nuestros pensamientos, huir de nosotros mismos. Deberíamos ser capaces de encontrar un equilibrio entre aquello que nos atormenta de manera recurrente y aquello que nos trae paz. Tendemos a refugiarnos lejos del problema buscando el sosiego, en lugar de confrontarlo, despejando la ecuación y encontrando con ello serenidad a largo plazo.  Yo encontré en el baile un refugio de mí misma, una conjugación de equilibrio físico y mental, de fuerza y cadencia. Avenencias para mi necesidad de pasar el mayor tiempo posible fuera de lo que debía ser un hogar. Rutina y disciplina que calmaba el miedo, que me daba fortaleza y algo en lo que centrar mi mente durante varias horas al día. La danza para mí es mucho más que música y movimientos acompasados. Es una sinestesia de colores y sonidos que conjuga emociones con la corriente eléctrica que nos recorre al mover los músculos. Es un salto con caída controlada sobre las puntas de los pies, flexionando las rodillas e...

El patrón establecido

Somos las lecciones que aprendemos a través de nuestras vivencias. Somos cada segundo de vida, lo que en él acontece y cómo lo percibimos. Somos en esencia nuestra capacidad de analizar la información que llega a nosotros, a través de nuestros sentidos. Antes del último giro, la última iteración, previa a abandonar los pensamientos recurrentes, circulares, era la convicción de que daba igual cuan duro fuese el esfuerzo, nunca sería suficiente. Antes de aquello, era la rendición que, en primera línea de batalla, se quita la armadura y deja caer sus armas, como un kamikaze, asumiendo la derrota como único resultado, pero sin desistir en el empeño de dar hasta el último aliento. Era la convicción de que el afecto era sólo para unos pocos privilegiados, mucho más capacitados que yo, infinitamente más merecedores, por méritos propios. Era la lucha constante entre la resignación y la perseverancia, porque así había gestionado, así había percibido mis circunstancias, mi existencia en ese ento...

Las reglas del juego

E n primer lugar, hay que aclarar que se trata de vidas, personas, no de piezas de plástico prediseñadas cuyo destino lo dicta el número que salga al tirar el dado. A estas piezas les han hecho creer que tienen voluntad y poder de decisión… pero nadie les ha explicado bien las reglas del juego. Nadie tiene derecho a mover tu ficha sin previo aviso. Tu sitio lo decides tú, y en el caso de encontrarte en la misma casilla que alguien, se llegará a un acuerdo para vez quien abandona el puesto. O por otra parte, en el caso de decidir compartirlo será hasta que uno de los dos decida continuar la partida sólo. Todos empezamos igual, sin ninguna posesión material. En algunos casos, los más afortunados comenzarán la partida repletos de afecto de terceros, pero no hay que olvidar que incluso esto es un préstamo. Siempre hay que abonar intereses. Empezar la partida, estar vivo, también duele, y siempre tiene un precio. Siempre se ha de poner atención a los movimientos de los demás. A veces, por m...

Llegadas

Hay personas que entran en tu vida como un vendaval, arrasando todo y haciendo mucho ruido, y no se despiden al salir. Otras llegan de manera discreta, a veces para quedarse, a veces para marcharse del mismo modo que entraron, de puntillas y sin hacer ningún ruido. Pero es innegable que cada persona con la que compartes el camino, sea dos calles, dos kilómetros o dos décadas, nos deja su impronta. Y en algún momento algo evocará su recuerdo a través de nuestros sentidos. ¿Quién no se ha enamorado perdidamente de unos ojos tras un libro, una sonrisa entre bostezos, un perfume que te envuelve en lo que dura un trayecto en autobús? Quizá sólo dos paradas, quizá cada martes, pero imaginas cómo sería echarle valor e invitarle a un café. Y quizá no te vuelvas a cruzar con esa persona, pero verás ese rasgo, olerás su perfume el día menos pensado y recordarás el rubor en tus mejillas cuando se giró y cruzasteis la mirada en el mismo tablero. Como en cualquier obra, hay personajes que tienen má...

Amaneces

Dejándote llevar un día más por las masas te he visto apagarte lentamente, Quién iba a decir que las hogueras más majestuosas también están a la merced del viento. Tus llamas se veían desde mi ventana desde antes de percibir el calor, pasaba el crepúsculo observando tu cabello rubio rojizo descender sobre la almohada dando paso a tus sueños. Tu brillo parece una enorme bengala, preludio de una fiesta, te giras lentamente y en un guiño paralizas el mundo entero cubriendo todo de polvo de hadas, de escarcha centelleante de mil colores, a cámara lenta, y todo arde segundos después en una explosión de vida, como en una hoguera. La tristeza se esconde en tus sienes, como una lluvia de hojas secas. A veces tu voz suena como un paseo en gabardina entre la hojarasca. Noto la lluvia resbalar por mi cara en el fondo de tus ojos, que poco a poco se nublan anunciando tormenta. Tus pasos se vuelven lánguidos e inseguros y poco a poco te resguardas en tu plumaje, como un pajarillo que aguarda un nue...

Azul

  Yo soy azul y me alimento de las nubes de tu risa, deslizándome sobre tu espalda, soplando poemas del sin sentido, tratando de entender el por qué de tu silencio marino. Ante la eternidad, la memoria... Navego en un océano de palabras y en tu voz me pierdo. Yo soy azul y viajo en tu aire, me respiras, susurrando mil caricias bajo tu almohada, escuchando el silencio de tus sueños, tratando con el viento de acertar, en suspiros, tu figura. Ante el recuerdo, el infinito... Naufrago en un mar de locos y en tu voz me encuentro.