Bailando
He bailado hasta que me sangraran los pies. Descalza y de puntillas. He bailado con las zapatillas cubiertas de resina para deslizar lo justo y necesario. Al compás, a destiempo... Y voy a seguir bailando. Quiero extender los brazos y sentir el vacío alrededor, ser funambulista, bailar sobre la cuerda floja. No tener que alzar la vista para alcanzar mis deseos, no tener que bajarla, para no recordar el suelo. Dos extremos que se tensan, que se vuelven a acercar. Equilibrio, concentración, silencio. Una vez se calcula el rumbo la música debe volver a sonar. Mirando a un punto fijo, para no perder el centro. El vértigo lo siente quien tiene miedo a caer. A mí no me asusta la caída libre, ni el aterrizaje, sólo me importa volver a remontar el vuelo, volver a las alturas disfrutando del ascenso a cada aleteo. Todos sentimos pánico alguna vez, sí, ante lo incierto, pero cuando ya has saboreado el suelo, cuando sabes que el lodo es simplemente lodo, ya no hay nada que temer. Pensé que tras d...