De cadencia

Todo era más fácil cuando bailaba. No tenía la necesidad de explicar cómo me sentía, y nadie cuestionaba mis movimientos. Tenían un por qué y eran bellos aunque fuesen tristes, lentos, enérgicos, pausados... Rabiosos, eufóricos o melancólicos.

Era más sencillo armonizar sin sentirme observada en cada paso. Los errores también eran caídas y dolor, pero la gente aplaudía cuando te levantabas, porque era digno, signo de fortaleza... Había calor en los que miraban.

Echo de menos bailar. Muchísimo.

En muchas ocasiones buscar una respuesta al por qué, es como fabricar una inmensa lengua de sal para lamerse las heridas. 

Deberíamos (y quiero decir que yo debería) aprender a esperar que el tiempo las cicatrice. Los hilos quirúrgicos sólo mantienen unidos los pedazos atravesando la parte que aún queda entera, y tiran y duelen... a veces es mejor dejar que se desprendan los pedazos y no enfrentarse a la gangrena emocional... 

Voy a sentarme al aire a esperar que sane solo todo esto. Animo al viento a que me susurre nuevos porqués que me distraigan de este dolor.

 

Comentarios