De puntillas
A estas alturas debería ser absurdo plantearse jugar como chiquillos al escondite, pero la vida no tiene emoción si nos privamos de reivindicar los derechos esenciales como el delirio o la risa. No hay nada más gratificante que darse cuenta que aún puedes ir y volver de la inocencia con sólo desearlo, desearlo con la boca y el cuerpo, desearte en cuerpo y boca. ¿cómo puede ser tan inocente algo tan perverso como tu mirada? ¿Cómo puedes con esa sonrisa jugar a ser un niño? El escondite puede ser muy divertido, pero deberías de venir a buscarme. Podrías echar a suertes por donde empezar. Aunque sepas muy bien donde me encuentro, juega a tener incertidumbre ante las certezas absolutas.
A estas alturas deberías tener prohibido salir de casa con las cosas claras, y pasar de puntillas por delante de mi puerta por si acaso los mayores te descubren, y pasar de puntillas por mis noches para darme una esperanza de tenerte. Y dices que eres feliz, pero aún ansías un poco, y dices que el tabaco mata y te enganchas a las mentiras. Y me coges de la mano con la firmeza de una idea y lo frágil de un deseo y me dejo llevar por la boca y el cuerpo entero. Estoy contando los segundos para ver por donde anda la tormenta. Quiero empaparme de pies a cabeza y sentir mi cuerpo temblar de frío, de miedo con cada estruendo.
A estas alturas tu único error es tenerlo tan claro, tener claro que es un error. Lo mejor de la vida en sí es el hecho de estar vivos, y el resto ya es demasiado desagradable como para decir que no a una carcajada. Quiero decirte que nunca había estado antes donde estoy ahora contigo. Guárdate algún quizá para mañana, vamos a jugar a mirar por debajo del vestido.
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