Las reglas del juego

En primer lugar, hay que aclarar que se trata de vidas, personas, no de piezas de plástico prediseñadas cuyo destino lo dicta el número que salga al tirar el dado. A estas piezas les han hecho creer que tienen voluntad y poder de decisión… pero nadie les ha explicado bien las reglas del juego.

  • Nadie tiene derecho a mover tu ficha sin previo aviso. Tu sitio lo decides tú, y en el caso de encontrarte en la misma casilla que alguien, se llegará a un acuerdo para vez quien abandona el puesto. O por otra parte, en el caso de decidir compartirlo será hasta que uno de los dos decida continuar la partida sólo.
  • Todos empezamos igual, sin ninguna posesión material. En algunos casos, los más afortunados comenzarán la partida repletos de afecto de terceros, pero no hay que olvidar que incluso esto es un préstamo. Siempre hay que abonar intereses. Empezar la partida, estar vivo, también duele, y siempre tiene un precio.
  • Siempre se ha de poner atención a los movimientos de los demás. A veces, por motivos que puedan escapar a nuestro entendimiento, una ficha no exterioriza sus intenciones de abandonar la casilla en la que se encuentra, su intención de compartir tirada con una ficha diferente, de dejar de compartirla o incluso abandonar la partida. Es obligación de todo el que se encuentre cerca prestarle auxilio, ayuda o apoyo moral. No estamos solos.
  • El tablero es de todos, cuídalo. Respeta, cuida tu entorno.
  • Recuerda que cuando tiras tus dados, el número que salga aunque desees que sólo te implique a ti, siempre desencadena una reacción en tu entorno. Te mueves tú sólo, pero todo tu entorno sentirá tu movimiento. Procura que los movimientos que decidas hacer causen el menor efecto negativo en los demás.
  • Quien decida pasar turno ha de asumir que el resto seguirán jugando, y puede que los movimientos del tablero lo dejen fuera de antiguos acuerdos.
  • Cuando entras en una casilla que está siendo compartida, asume lo que acarrea, pasa de largo si no quieres asumir la problemática de acuerdos ajenos, que se convertirán en propios, o no estás dispuesto a compartir tu espacio con todos los que allí se encuentren.
  • Cuando decidas salir de una casilla compartida, asume que dejas un hueco en ésta, un vacío que los demás sentirán, como positivo o negativo, pero en el que tú ya no podrás ni deberás intervenir.
  • En cada tirada, en cada decisión, ganarás y perderás, asume que es parte del juego, no dejes que  el miedo te invada ante ambas posibilidades. No te aferres a lo que puedes perder y no temas lo que puedes ganar. Todos los movimientos son positivos de algún modo.
  • No hay un final predefinido. Cualquier casilla puede ser la última, así que intenta siempre que lo que dejas atrás pueda seguir su curso sin ti. Procura recordar y enseñar a tus compañeros de juego durante la partida que nada ni nadie es imprescindible, aunque pudiera llegar a parecerlo.
  • Nunca escondas tu tirada, tu próximo movimiento. Recuerda que todos compartimos partida y tablero.
  • Sonríe en cada decisión, mira a tus compañeros y sonríe. Cada compañero de partida debe saber que cada tirada es un regalo y que agradecemos sinceramente la compañía recibida en el periodo que compartisteis espacio.
  • No puedes exigir a nadie mover su ficha. Cada uno es libre de tomarse su tiempo para decidir cuándo y a dónde quiere ir, al igual que debe saber asumir que tomarse su tiempo tras ser advertido de un cambio en los acuerdos puede llevarle a perder aliados.
  • Nadie debe juzgar a nadie, no hay árbitros ni jueces de ningún tipo. Las decisiones son de cada uno, y si implican a más jugadores, se han de tomar con respeto, pero no condicionarse por esto.
  • Sólo hay una única partida, juega tus tiradas buscando la autenticidad en todos tus actos, tu felicidad y la de los demás en la medida de lo posible. Sé sincero contigo y con los demás en cada paso. Las trampas sólo llevan a la autodestrucción.
  • Nadie pertenece a nadie.
  • Si haces un buen movimiento, procura compartir tu felicidad para ayudar a los demás jugadores a seguir con el juego. Si tienes una mala partida, procura compartir tu sabiduría con los demás, pero deja que cometan sus propios errores.

Nadie debería pretender enseñarte a vivir, sólo intentar hacerte consciente de que no estás sólo, para bien o para mal. Respeta a los demás pero, sobre todo, respétate a ti mismo.


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