Refugio
Hay muchas maneras de huir de nuestros pensamientos, huir de nosotros mismos. Deberíamos ser capaces de encontrar un equilibrio entre aquello que nos atormenta de manera recurrente y aquello que nos trae paz. Tendemos a refugiarnos lejos del problema buscando el sosiego, en lugar de confrontarlo, despejando la ecuación y encontrando con ello serenidad a largo plazo.
Yo encontré en el baile un refugio de mí misma, una conjugación de equilibrio físico y mental, de fuerza y cadencia. Avenencias para mi necesidad de pasar el mayor tiempo posible fuera de lo que debía ser un hogar. Rutina y disciplina que calmaba el miedo, que me daba fortaleza y algo en lo que centrar mi mente durante varias horas al día.
La danza para mí es mucho más que música y movimientos acompasados. Es una sinestesia de colores y sonidos que conjuga emociones con la corriente eléctrica que nos recorre al mover los músculos. Es un salto con caída controlada sobre las puntas de los pies, flexionando las rodillas en el momento exacto, con la precisión milimétrica de los sonidos que dibuja un pentagrama, para que los movimientos de las extremidades se asemejen al flujo controlado de un elemento líquido, pausado o rápido, en función de la pendiente del compás. Son giros sobre tu propio eje que te obligan a buscar un punto fijo al que volver, para no perder tu equilibrio, para encontrarte siempre, por muchas vueltas que te haga dar la melodía que suena fuera y dentro de tu cabeza.
Un día mi columna decidió que ya no podría recurrir más a la danza. El dolor me arrebató aquello que me mantenía a flote, por encima de las circunstancias, dejando una cicatriz mayor dentro de mí de lo que nunca se podrá apreciar en mi superficie. Pero así pude entender que, por encima de nuestras debilidades físicas, siempre predominará la fortaleza que te otorga la perseverancia y el instinto de superación. Las ganas de seguir bailando nunca se irán.
Cada uno lleva dentro su propio ritmo, sus pausas, sus silencios. Melodías diatónicas, que variarán de tempo a lo largo de su composición; de instrumento y escala, divergiendo de la teoría heptatónica, tornándose cromática.
Qué curiosa me resulta la relación etimológica de la música y el color. Cuántos matices inapreciables para quien no se detiene a observar los sonidos. Qué poco reparo ponen algunos a los silencios, a las ausencias, a la oscuridad.
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